CMS modules by everest poker.
Imprimir

 

ORGANIZACIÓN DE CAMPOS DEL CONOCIMIENTO:

 

La UNESCO ha empleado hace varios años la clasificación del conocimiento académico a partir de campos, disciplinas y subdisciplinas. Más allá de definiciones asociadas con posicionamientos epistemológicos, esta entidad ha encontrado en los campos un sistema que le permite organizar la producción académica (ordenación de proyectos de investigación y de tesis doctorales). Mientras que los campos comprenden la articulación de disciplinas, éstas, a su vez, incluyen grupos de especialidades y subdisciplinas, las cuales orientan actividades y prácticas de investigación.

 

De otra parte, los campos también pueden entenderse, según Pierre Bourdieu (2005), como espacios sociales y simbólicos que son asimilados por los agentes sociales a través de procesos crecientes de socialización. Los campos tienden a especializarse en temas, sectores y aspectos de la vida sociales que van conformando lo que Bourdieu llamó estructuras estructurantes, esto es, espacios propensos a la incorporación de nociones y la producción de sentidos. Este planteamiento invita a reconocer que las relaciones producidas por los sujetos, como experiencia social para la producción de sistemas de saber y de acción, operan en doble vía (sujetos y sociedad). Esto significa que existen modos de interiorización del mundo en los sujetos y, a su vez, formas de objetivación del sujeto en el mundo.

 

Dado que la sociedad es un sistema de relaciones de fuerza y de sentido entre los grupos y las clases (Bourdieu y Passeron, 2005), se puede admitir que un atributo fundamental de los campos está en la producción, difusión y preservación de determinados capitales, que sólo tienen valor en los límites de este espacio. No obstante, el despliegue de los capitales requiere de la conformación del habitus, el cual es inherente a la posición y acción social de los individuos. En términos generales, el habitus alude a un sistema de disposiciones adquiridas por medio del aprendizaje implícito o explícito que funciona como un sistema de esquemas generadores (Bourdieu, 2010).

 

Es un instrumento de traducción y ajuste entre los deseos individuales y las exigencias de cada campo. El habitus es un proceso en el que se produce y reproduce el sentido. En este confluyen tanto las estructuras objetivas (lo estable, lo instituido, la sociedad) como las emergencias sociales (lo emergente, lo instituyente y las socialidades). Mediante el habitus el orden social se inscribe en los cuerpos, posibilitando transacciones emocionales y afectivas. El cuerpo, a su vez, se objetiva en ese orden, dando lugar a conminaciones sociales. El habitus puede ser ubicado en las experiencias cotidianas: algunos aspectos no se perciben (percepción, pensamientos, interacciones); otros operan en el sentido práctico (aspiraciones, necesidades, deseos, potencialidades).

 

Por su parte, los capitales son acreditaciones y distinciones adquiridas por distintas vías que demuestran posesiones, dones y/o capacidades. Estos les permiten a los agentes sociales ocupar con cierta legitimidad un espacio dentro del campo. Se trata de una suerte de recursos invertidos en el campo, los cuales tienen diversas formas de funcionamiento en la esfera de la vida social. En todo caso, son capitales que están sujetos a propósitos de reconocimiento, gratificación y legitimación social.

 

Los campos en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas pueden ser comprendidos inicialmente como escenarios de indagación social, académica y científica que congregan objetos de estudio, problemas, principios y metodologías, siempre en función de las necesidades de la vida humana y social. Aunque no pretenden ser una sumatoria de disciplinas, los campos están conformados por sistemas de conocimiento y saberes situados que, al estar en constante actividad, hacen posible la producción de nuevos marcos explicativos e interpretativos del mundo social, natural y físico.

 

Desde el punto de vista de Bourdieu (2005), los campos incluyen sujetos, grupos, tradiciones, prácticas y capitales, los cuales hacen posible su propia dinámica. Además de ser los componentes constitutivos del campo, estos elementos se constituyen en la base estratégica para que los objetos de estudio sean pertinentes y ganen un lugar en el espacio social (campo académico- científico). Los campos no siempre son armónicos, están frecuentemente en tensión e influidos por líneas de fuerza. Esto no indica necesariamente que sea un escenario de conflicto irreparable.

 

Dada la naturaleza de la Universidad Distrital, los campos juegan un triple propósito: promueven prácticas investigativas a partir de objetos de estudio basados en la interdisciplinariedad, la transdisciplinariedad y el diálogo de saberes en contexto; contribuyen a generar nuevas prácticas pedagógicas para la formación de profesionales y ciudadanos comprometidos con la generación de alternativas para favorecer la equidad social y el desarrollo humano; y orientan criterios para desempeñar acciones que contribuyan a transformar las condiciones de vida en la ciudad y el país.

 

Más allá de una postura ecléctica de la producción del conocimiento, se trata de reconocer la diversidad epistémica y metodológica de los campos, comprendida como fortaleza para enriquecer los lenguajes, los saberes y los contextos del mundo social, científico, tecnológico, físico y natural. Los desafíos en torno a la construcción de los campos implican la generación de condiciones que favorezcan la polifonía de voces, el diálogo de saberes y la apertura hacia mundos posibles, traducidos necesariamente en prácticas investigativas con incidencia social, ética y política.

 

Propuesta inicial de organización de los campos:

  • Ciencias Ambientales de la Tierra y la salud.

  • Ciencias Sociales, Humanas y Arte.

  • Ciencias y tecnologías.

 

Ciencias Ambientales de la Tierra y la Salud.

 

Evidentemente, una de las claves para entender la dificultad del enfoque ambiental en la actualidad es que el desarrollo sostenible desde sus inicios se ha relacionado con el desarrollo, este último interpretado como sinónimo de crecimiento económico, o por lo menos, como un enfoque puramente económico, de acuerdo con los postulados de la las corrientes del pensamiento de América del Norte y Europa. Con el fin de construir una agenda de sostenibilidad real es necesario redefinir el concepto de "desarrollo", ya que para otras culturas y países, no siempre este concepto traduce crecimiento económico o generación de ingresos y acumulación de capital como insumo para el fortalecimiento estructural de los países. Según Calderón (2008), la idea de progreso se encuadra claramente en la percepción occidental europea y en ese sentido, el desarrollo está vinculado a la idea de progreso, una perspectiva eurocéntrica, que percibe un proceso evolutivo, en el cual partiendo de una base primitiva se pretende alcanzar un nivel civilizado. El autor comenta además que:

 

"La humanidad ha seguido avanzando lenta, gradual e ininterrumpidamente desde sus orígenes marcados por la falta de la cultura, la ignorancia y la inseguridad hasta un a un nivel de civilización cada vez más alto." (Calderón, 2008).

 

Por supuesto, esta visión choca de frente con otras formas alternativas de realizar los ideales de progreso y desarrollo. Esto es particularmente importante cuando se reconoce la diversidad cultural de los pueblos en los llamados países subdesarrollados, donde este concepto tiene otra definición que relativiza su cultura. (Lévi-Strauss, Claude, 1964)

 

En 1987, fue presentado formalmente el Informe Brundtland, llamado en español: "Nuestro Futuro Común". Este informe encargado por la ONU en 1983 y dirigido por la primera ministro de Noruega, Gro Harlem Brundtland, tiene como principal aporte a los temas ambientales la conjugación entre desarrollo y el medio ambiente, a través de la propuesta de “Desarrollo Sostenible”.

 

Esta expresión se convierte en un puente entre la discusión del desarrollo, con sus muchas caras y la dimensión ecológica, que proviene de la década de 1960 y ahora asume el concepto ambiental en un sentido mucho más amplio que la ecología como ciencia natural, que solamente explicaba una parte de la problemática en el contexto de las ciencias biológicas. Una de las dificultades de las propuestas en los años 1970 fue la imposibilidad de frenar el desarrollo económico, aspecto que se vería reflejado una década más tarde con la crisis económica de la región latinoamericana. Así, los problemas derivados de la imposibilidad de pagar la deuda externa, el estancamiento industrial y la desaceleración general del modelo keynesiano, donde el Estado era el principal regulador de las fuerzas del mercado, se encuentran ahora en una situación crítica.

 

La persistente visión económica del desarrollo trajo como consecuencia, que conceptos tales como escasez, que siempre se ha pensado en el campo económico se reconsidere, porque la realidad golpeó duro al mundo, con la rápida desaparición de los bosques, la contaminación del aire, la contaminación de las ciudades, el aumento de los residuos sólidos y su incapacidad de absorción por los ecosistemas y el aumento de la desertificación, entre otros. Según Leff, 1999.

 

La economía aparece como el paradigma más resistente a internalizar en sus marcos teóricos y herramientas de gestión las condiciones de sustentabilidad ecológica y ambiental. La economía se enfrenta a la paradoja de pretender ser una ciencia humana basada en los principios inmutables de la física mecanicista, para lo cual no coincide con el proceso de producción o incluso la misma física, mientras que la física ha revolucionado y re-basando sus paradigmas teóricos, la economía se niega a afrontar las consecuencias, mientras que mantiene su inercia mecánica y su proceso ineluctable de la producción de entropía, incapaz de mirar que es lo que está destruyendo los fundamentos de la sostenibilidad. (Leff, 1999, p 30).

 

El desarrollo sostenible se define por la Comisión Brundlandt en 1987 como:

 

"Desarrollo que satisface las necesidades de la generación presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades". (Informe Brundtland, 1987).

 

En este sentido, la contribución del informe Brundtland, es el aportar una base conceptual necesaria en la dicotomía entre la ecología y ciencias ambientales, sobre todo en el contexto político, porque este informe se llevó a cabo en el marco de las Naciones Unidas, llegando con fuerza en el contexto internacional y mucho más comprometido con el papel de las naciones.

 

Con el Informe Brundtland, es posible reconocer en una escala global los problemas ambientales, que anteriormente estaban asociados a una escala de los países y las regiones. Los problemas ambientales tienen ahora un reconocimiento a nivel mundial, que es un verdadero punto de partida para los programas de gestión en las agencias públicas de las naciones. Quizás uno de los puntos más interesantes del informe Brundtland, sea el reconocimiento de la existencia de países que desperdician los recursos naturales, en un modelo consumista que la modernidad impone entre sus consumidores. En el extremo están los países más pobres, donde vastos sectores de la población sufre de hambre, como ocurrió con la crisis alimentaria en África en 1985 y ahora vuelve de nuevo como un fantasma que nos recuerda que los problemas ambientales y sociales parecieran tener una solución en manos de los organizadores de conciertos benéficos fugaces, pero que en realidad deberían ser parte de una agenda de todos los países, especialmente aquellos que consumen más recursos y producen más residuos.

 

El concepto propuesto por el informe Brunlandt incorpora tres dimensiones de la sostenibilidad: la dimensión ecológica, social y económica. Estos tres componentes integran una visión que las propuestas anteriores no llegaron nunca a establecer, lo cual confiere al concepto una posibilidad de incorporarse más fácilmente en la agenda política de los países.

 

Un hecho es evidente en esta dinámica, pareciera que en la medida que los problemas ambientales aceleran su influencia y efectos nocivos en la tierra, los hombres se preocupan más en celebrar reuniones y conferencias, que en verdad tiene un denominador común: un apoyo directo de los países de América Latina y una persistente reacción de países como Estados Unidos en no comprometerse en verdaderos escenarios de transformación de su base tecnológica anticuada basada en la explotación de combustibles fósiles que soportan un modelo de desarrollo que cada día hace crisis evidente en el mundo. (Guimarães, 2003, p, 133).

 

En general una reflexión fundamental para la conformación de los claustros en la Universidad Distrital, es reconocer que la problemática ambiental atañe realmente a todos los actores y todas las dimensiones asociadas al desarrollo y bienestar de la sociedad. Un medio ambiente incluyente se traduce en mejor calidad de vida y un enfoque conservacionista implica reservar los recursos en un horizonte de tiempo, solo para mencionar dos aspectos. En resumen la temática ambiental no es ni puede ser considerada un elemento marginal o coyuntural, donde quiera que el hombre afecta el entorno, afecta la vida del planeta y puede conducir a estados irreversibles, de allí la importancia de reconocer su verdadera importancia en la sociedad colombiana.

 

Ciencias Sociales, Humanas y Arte

 

El campo de las ciencias sociales, humanas y Arte es comprendido como un escenario de indagación académica que congrega problemas, debates y contextos relacionados con el sujeto, la sociedad, la cultura y la estética como fuentes fundamentales en la formación social y humanística de profesionales e investigadores de la educación y de las ciencias sociales. Asume la noción de campo, al decir de Bourdieu (2005), en la medida que categorías centrales como sujeto, saberes, tiempo y espacio, además de constituirse en los ejes estratégicos sobre los que se construyen sus objetos de estudio, están frecuentemente en tensión e influidos por líneas de fuerza.

 

De acuerdo con el plan de desarrollo institucional, todas las áreas del conocimiento, pero en particular el núcleo de las ciencias sociales, humanas y arte, puesto en escena a través de la docencia, la investigación y la proyección social, debe atender a la construcción de saberes e investigación de alto impacto como forma de incidir en el mejoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones a nivel nacional y local.

 

Al respecto, el campo en mención parte de la necesidad de identificar objetos de estudio que contribuyan al cumplimiento de estos propósitos. Por tal motivo, la investigación social y la investigación educativa, así como su imbricación permanente, constituyen dos ámbitos de trabajo académico que permiten comprender las expresiones de la contemporaneidad en sus dimensiones ontológica, socio-cultural, política, económica, epistemológica, estética y educativa con el fin de proponer marcos interpretativos y opciones de transformación frente a los órdenes instituidos y la expansión de una cultura hegemónica, expresada en el caso colombiano a través de la violencia, la desigualdad y la exclusión.

 

Atendiendo a las inquietudes contemporáneas sobre los procesos de constitución del sujeto y de la sociedad, el campo asume que las relaciones entre el pasado y el tiempo presente, como medio para establecer por qué el sujeto ha llegado a ser lo que es (Foucault, 1991) o por qué no es algo que hubiera podido llegar a ser (Zemelman, 2005), son fundamentales para orientar la relación entre la producción de saberes y su incidencia en la transformación de las condiciones sociales, a través de la garantía y restitución de derechos, la formulación de desarrollos alternativos y el diálogo de saberes en perspectiva intercultural.

 

Para tal efecto temas y problemas como los derechos, el poder, el saber, el lenguaje, la estética, la comunicación, la democracia, las subjetividades, las identidades, las representaciones, los imaginarios, la ciudadanía, la ciudad, la memoria, el territorio, la interculturalidad, las temporalidades, el territorio, la memoria constituyen una base palmaria en los objetos de la investigación en este campo. En el terreno de la investigación educativa, asuntos como la pedagogía, la historia de la educación y de los saberes, las dimensiones curriculares, pedagógicas y evaluativas de la educación en todos sus niveles, así como las relaciones emergentes entre pedagogía y psicología, pedagogía y neurociencias, pedagogía y sociología, entre otras, son centrales en su proceso de configuración.

 


1 Los campos, al ser parte del espacio social, pueden ganar autonomía (por ejemplo convirtiéndose en campos como el económico, el político, el religioso y el intelectual) en la medida que se coloquen en juego variables como las relaciones sociales, los intereses y los recursos propios.
 
Monday the 20th. Joomla 2.5 Templates. Vicerrectoría Académica / Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Copyright 2012

©